Yo soy el
duende Cojo,
vivo en la escuela de Yagüe,
voy vestido de rojo
y cotilleo hasta hartarme.
Corro por el pasillo,
me entero de las peleas.
Fino como un palillo,
me cuelo en las carteras.
Un buen día escucho gritar:
¡queremos un cole nuevo!
Es la voz de unos niños,
chillando a no poder más.
Volviendo a mi guarida,
pensé que tenían razón.
El cole es ya pequeño,
para los niños que son.
No tienen salón de actos
¡se suben a unas mesas!
No pueden hacer teatro
por falta de un escenario.
Apenas hay espacio
en la dirección.
Profesores y libros,
cuadernos y un cartabón.
En la sala de los profes
también se reúne el A.P.A.
Si entras allí, te encoges.
¡Tienen tan poco espacio!
Ya no hay laboratorio,
hay sala de informática.
Aquel lo necesitamos
para hacer las prácticas.
El colegio está muy bien,
sólo que faltan espacios.
Para evitar empujones,
que tenga grandes salones.
El patio con árboles
en el que los niños juegan
a la hora del recreo
a la comba y a pillar.
A mí me gustaría
y a mis amigos también
montar una algarabía
de vez en cuando, ¡qué bién!
Salpicar agua en la fuente,
hacer lluvia de hojas
sobre caras asombrosas
y alboroto permanente.
Ir al laboratorio,
estallar las probetas,
meternos en la cocina
y robar las galletas.
Con mis amigos Curuyo,
Belloto y Perujo,
este tema tratamos
y a esta conclusión llegamos.
Los niños y los duendes
felices se quedarían:
si en mis manos estuviera
colegio nuevo os diera.