Tercer Concurso de Narración APA Juan Yagüe - Librería Entre Comillas


1er premio modalidad B

Godolf en la Sierra Riojana

Godolf

Godolf era un pequeño dragón de escamas verdes, ojos amarillos y preciosas alas, que pertenecía a unos aristócratas franceses.

Un día, cansado de estar atiborrado de pavo, les dijo a sus amos:

-Señogues, a pesag de que ustedes son muy amables conmigo, nesesito cogueg aventugas. Voy a ig a la siega Guiojana. Me han hablado muy bien de ese sitio.

Los dueños de Godolf, el Sr. Fegnagd y la Sra. Categuin, se apenaron mucho de que se marchara, pero le prepararon el equipaje, que constaba de cincuenta y dos maletas llenas de juguetes, de mermelada de fresa y de algodón para hacerse la cama.

Cogió un avión que le trasladaría a La Rioja.

 

Durante el trayecto, se divirtió mucho subiendo y bajando el sillón. Pero, claro, tanto lo hizo que el sillón se rompió y tuvo que pasarse al otro.

Luego se puso a hablar por el móvil y las ondas interfirieron en las comunicaciones del avión, lo que causó un caos total.

Lepel, el piloto, dijo:

-¡Pego Godolf, ¿Qué has hecho?.

-Mua, nada, solo hablag pog el móvil.

-¡Pego ahoga estamos descendiendo y nos estguellaguemos!

Y cayeron justo en las camas elásticas de la feria de Logroño.

Godolf salió junto al piloto Lepel y preguntó:

-¿Dónde está la siega Guiojana?. Como pueden veg, nuestgo avión se estgelló y no sabemos dónde estamos.

 

Los niños que estaban en las camas elásticas llamaron a un taxi y algunas ambulancias, pues había gente que se había desmayado a causa del avión.

Cuando el conductor llegó, preguntó:

-¿A dónde le llevo, "monsieur"?

-¡A mí no, a Godolf el dgagón! -dijo Lepel.

El conductor insistió:

-Si, pero ¿a dónde?

-A la siega Guiojana -dijo Godolf-. Voy a vivig allí.

-¡Ah!, entonces debemos ir a comisaría a que se identifique.

-Vale, adiós Lepel. Oiga, déjenle otgo avión a Lepel, puesto que el nuestgo se estgelló.

Llegaron a comisaría y le preguntaron a Godolf:

-¿Cómo se llama?

-Godolf de Lepel Pompidú.

-Muy bien, Sr. Rodolfo...

-¡Godolf, no ese nombge tan feo que usted dijo!

-Lo siento, Sr. Godolf. ¿Dónde se va a instalar?

-En la siega Guiojana.

-Muy bien, llamaremos a un todoterreno para que le lleve a la sierra. Por cierto, ¿En qué parte?

-En un lugag muy tganquilo.

-¡Marchando, que aquí está el todoterreno!

-¡Ah! y, ¿Qué hagué con mis maletas? Están en el avión y hay que ig a pog ellas. ¡Bueno. no!, llamagué a Lepel que todavía se encuentga ahí.

Hola, Lepel, queguía que tgajegas mis maletas. Te espego aquí.

Lepel llevó las maletas y se las dejó allí:

-Bueno, adiós, Godolf, que te diviegtas -dijo a lágrima viva-. Te echagé mucho de menos.

Y dicho esto Godolf se marchó a la sierra.

Cuando se montó en el todoterreno, preguntó:

-¿Qué es este cachago? En Fgancia me llevaban en bonitas cagozas tigadas pog lindos caballos blancos.

-Pues aquí tenemos esto, así que a callar.

Cuando llegaron, Godolf dijo:

-¡Oh! ¡Qué bonito!

-Verdad que sí, es una de las mil maravillas.

-Vamos, empecemos a tgabajag ya, me instalagué aquí mismo. He tgaído pgovisiones de megmelada de fgesa.

-De todas maneras, no necesitarás nada si no es por capricho.

Godolf se hizo la casa (mo muy bien, por cierto) y más tarde (después de comer) la cama.

Se durmió y soñó que unos hombres le estaban quemando la casa. Cuando se despertó y vio que era verdad, les pegó cuatro chillos y marcharon despavoridos. Las ardillas apenadas le ayudaron a reconstruir la casa.

 

Godolf se lo pasaba muy bien: se bañaba, jugaba, ¡comía!, pero tanto que arruinó las provisiones de las ardillas.

 

¡Ay! qué bien se lo pasaba.

¡Ay! qué limpia el agua estaba.

Hasta que un nefasto día

Allí vivir no podía:

¡Empezaron a construir una fábrica!

Y Godolf y las ardillas

Piensa que te piensa,

Anda que te anda,

Por la sierra de la Demanda.

 

 

¿De qué sería la fábrica?

¿Sería de caramelos o tal vez de chocolate?

Pues no, era de plásticos y pintura.

Tanto contaminó, que la comida ya escaseaba, y Godolf se vio obligado a abrir sus provisiones de mermelada.

 

Los animales que no se podían ir a otro sitio morían.

Godolf se encerró en su casa hasta que se le ocurrió una idea; salió y dijo:

-¡Ya lo tengo! ¡Comegué mucho y deguibagué la fábgica!

¡Perfecto! dijeron las ardillas a una voz.

Y Godolf se puso a comer y a comer y a comer; tanto comió que se hizo muy, muy alto, de cinco noventa y cinco, casi seis metros. Cada paso que daba retumbaba la tierra.

Y poco a poco y pasazo a pasazo, llegó a la fábrica.

¿Qué creéis que hizo? ¡Pues derrumbar la ruidosa y apestosa fábrica!

Los de la fábrica le iban a poner una denuncia pero cuando lo iban a hacer, llegó la prensa, muchísima gente... y, entre ellos, ¡los aristócratas franceses! que les pusieron una buena multa a los de la fábrica por ensuciar el medio ambiente.

Desde entonces, Godolf es famoso, y aunque le ofrecieron vivir en palacios, castillos... se quedó allí para cuidar la sierra Riojana ¡¡¡Y atiborrarse de bellotas!!!

 

Cristina Azpeitia Ortiz

4º de Primaria

 

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