Godolf
Godolf era un pequeño dragón de escamas verdes, ojos
amarillos y preciosas alas, que pertenecía a unos aristócratas franceses.
Un día, cansado de estar atiborrado de pavo, les dijo a
sus amos:
-Señogues, a pesag de que ustedes son muy amables
conmigo, nesesito cogueg aventugas. Voy a ig a la siega Guiojana. Me han hablado muy bien
de ese sitio.
Los dueños de Godolf, el Sr. Fegnagd y la Sra. Categuin,
se apenaron mucho de que se marchara, pero le prepararon el equipaje, que constaba de
cincuenta y dos maletas llenas de juguetes, de mermelada de fresa y de algodón para
hacerse la cama.
Cogió un avión que le trasladaría a La Rioja.
Durante el trayecto, se divirtió mucho subiendo y
bajando el sillón. Pero, claro, tanto lo hizo que el sillón se rompió y tuvo que
pasarse al otro.
Luego se puso a hablar por el móvil y las ondas
interfirieron en las comunicaciones del avión, lo que causó un caos total.
Lepel, el piloto, dijo:
-¡Pego Godolf, ¿Qué has hecho?.
-Mua, nada, solo hablag pog el móvil.
-¡Pego ahoga estamos descendiendo y nos estguellaguemos!
Y cayeron justo en las camas elásticas de la feria de
Logroño.
Godolf salió junto al piloto Lepel y preguntó:
-¿Dónde está la siega Guiojana?. Como pueden veg,
nuestgo avión se estgelló y no sabemos dónde estamos.
Los niños que estaban en las camas elásticas llamaron a
un taxi y algunas ambulancias, pues había gente que se había desmayado a causa del
avión.
Cuando el conductor llegó, preguntó:
-¿A dónde le llevo, "monsieur"?
-¡A mí no, a Godolf el dgagón! -dijo Lepel.
El conductor insistió:
-Si, pero ¿a dónde?
-A la siega Guiojana -dijo Godolf-. Voy a vivig allí.
-¡Ah!, entonces debemos ir a comisaría a que se
identifique.
-Vale, adiós Lepel. Oiga, déjenle otgo avión a Lepel,
puesto que el nuestgo se estgelló.
Llegaron a comisaría y le preguntaron a Godolf:
-¿Cómo se llama?
-Godolf de Lepel Pompidú.
-Muy bien, Sr. Rodolfo...
-¡Godolf, no ese nombge tan feo que usted dijo!
-Lo siento, Sr. Godolf. ¿Dónde se va a instalar?
-En la siega Guiojana.
-Muy bien, llamaremos a un todoterreno para que le lleve
a la sierra. Por cierto, ¿En qué parte?
-En un lugag muy tganquilo.
-¡Marchando, que aquí está el todoterreno!
-¡Ah! y, ¿Qué hagué con mis maletas? Están en el
avión y hay que ig a pog ellas. ¡Bueno. no!, llamagué a Lepel que todavía se encuentga
ahí.
Hola, Lepel, queguía que tgajegas mis maletas. Te espego
aquí.
Lepel llevó las maletas y se las dejó allí:
-Bueno, adiós, Godolf, que te diviegtas -dijo a lágrima
viva-. Te echagé mucho de menos.
Y dicho esto Godolf se marchó a la sierra.
Cuando se montó en el todoterreno, preguntó:
-¿Qué es este cachago? En Fgancia me llevaban en
bonitas cagozas tigadas pog lindos caballos blancos.
-Pues aquí tenemos esto, así que a callar.
Cuando llegaron, Godolf dijo:
-¡Oh! ¡Qué bonito!
-Verdad que sí, es una de las mil maravillas.
-Vamos, empecemos a tgabajag ya, me instalagué aquí
mismo. He tgaído pgovisiones de megmelada de fgesa.
-De todas maneras, no necesitarás nada si no es por
capricho.
Godolf se hizo la casa (mo muy bien, por cierto) y más
tarde (después de comer) la cama.
Se durmió y soñó que unos hombres le estaban quemando
la casa. Cuando se despertó y vio que era verdad, les pegó cuatro chillos y marcharon
despavoridos. Las ardillas apenadas le ayudaron a reconstruir la casa.
Godolf se lo pasaba muy bien: se bañaba, jugaba,
¡comía!, pero tanto que arruinó las provisiones de las ardillas.

|
¡Ay! qué bien se lo pasaba. ¡Ay! qué limpia el agua estaba.
Hasta que un nefasto día
Allí vivir no podía:
¡Empezaron a construir una fábrica!
Y Godolf y las ardillas
Piensa que te piensa,
Anda que te anda,
Por la sierra de la Demanda.
|

|
|