Por fin, empezamos a tener libros de texto gratuitos. Tan
sólo para 1º y 3º de la ESO, pero al menos empezamos. Desde FAPA-Rioja tenemos que
celebrar que tras muchos esfuerzos reclamando la gratuidad de los libros de texto durante
las etapas en las que la educación es obligatoria, podamos finalmente ir accediendo a
este beneficio para las economías familiares aunque sea poco a poco y sólo en algunas
comunidades autónomas y en algunos ayuntamientos.
Hace ya algunos años que el movimiento asociativo de los
padres y madres de alumnos de los centros públicos conseguimos promover una Iniciativa
Legislativa Popular que llegó al Congreso de los Diputados con el aval de 600.000 firmas,
hecho nada fácil de conseguir. Desgraciadamente, la mayoría absoluta del PP en esta
cámara rechazó esta ILP limitándose el efecto a los trabajos de una subcomisión en la
que se recabó la opinión de los sectores afectados. Eso sí, quedó constancia de una
demanda social con claros fundamentos. Esa demanda social tenazmente presentada ante las
distintas administraciones ha provocado que algunos ayuntamientos, primero, y algunas
comunidades autónomas, después, vayan facilitando la posibilidad de conseguir esos
libros de texto gratis.
Por ello sí que nos preguntamos, siguiendo literalmente
la exposición del secretario general de esta organización sindical en un artículo
publicado en esta misma "Tribuna de La Rioja"el pasado 2 de septiembre: ¿cómo
un sindicato como FETE-UGT, solidario, de izquierdas, que lucha por los servicios
públicos y gratuitos, puede criticar tal iniciativa? Nos lo preguntamos y no nos convence
la respuesta que se da a esta retórica pregunta.
Resulta sorprendente que mientras el gremio de los
libreros, que va a tener un claro perjuicio económico (cuando termine la implantación
del sistema venderán, en teoría, tan solo una cuarta parte que ahora), se ha avenido a
razones y ha colaborado con la Administración educativa y con los padres en la
formulación del proyecto de funcionamiento, sean los enseñantes (o, más bien, algunos
de ellos) los que se lancen en furibundo ataque contra esta iniciativa social. Y decimos
social en cuanto a su origen y en cuanto a sus beneficiarios. El perjuicio que van a tener
los profesores parece ser el "arduo trabajo adicional" de decidir o ayudar a
decidir si un libro es o no útil para el curso siguiente, poner una etiqueta adhesiva al
principio de curso y meter cada lote en una bolsa al final del mismo. Pedimos desde estas
líneas a los padres que sepan agradecer el gesto de los libreros y afear el de los
maestros que quieran entorpecer.
Como esto del perjuicio para el gremio de enseñantes
parece claro que no va a convencer a nadie, se recurre a dos argumentos de lo más
peregrino: uno pedagógico y otro social. Se argumenta pedagógicamente que el subrayado
es tan fundamental que es preciso machacar un libro si se quiere aprender algo. Desde
luego que no vamos a discutir la utilidad de la técnica de resaltar lo más importante de
un texto, pero estamos seguros de que la capacidad profesional de nuestros maestros da
para que puedan enseñar esas técnicas sin necesidad de destrozar prácticamente el
libro, que parece más el argumento de un "asesor pedagógico" de una editorial
que de un sindicalista de izquierdas.
El otro argumento "de peso" es el de carácter
social: la implantación de los libros gratuitos nos va a retrotraer al sistema de clases
en los colegios privados de posguerra con alumnos "de pago" y
"gratuitos". En nuestra sociedad las diferencias económicas existen y se
acentúan cada vez más; hay alumnos que van al "insti" en moto, otros que
estrenan moto cada curso y otros que cambian de deportivas cada vez que sale al mercado un
modelo nuevo de la marca favorita. En esta misma línea habrá unos que utilicen
"sus" libros y otros que se apunten al uso colectivo de bienes colectivos en
absoluto ejercicio de la libertad de cada uno.
Aparte de estos dos argumentos principales se utilizan
otros dos como de menor importancia. El primero de ellos pretende que la gratuidad, tal
como se plantea, es un fraude porque los libros no van a ser gratuitos al no cederse en
propiedad. Nosotros pensamos que algo gratuito no tiene por qué ser en propiedad;
nosotros y la Constitución Española cuando dice en su artículo 27.4: "La
enseñanza básica es obligatoria y gratuita", sin reconocer la propiedad de nada,
sino el derecho a un servicio.
El último de los argumentos utilizados contra este
avance social es el terrible problema de solucionar los casos de pérdida o deterioro.
Pues, señor mío, el problema es el mismo que si uno pierde el bolígrafo o el paraguas.
Tiene que comprar uno nuevo y cuidar de no perderlo otra vez.
Queremos terminar recordando a aquellos trabajadores de
cualquier rama que pertenezcan a un sindicato de clase que, en la actualidad, se les
están detrayendo de sus nóminas de agosto de 150 a 200 euros por hijo en edad escolar,
en concepto de libros de texto, para que les pidan a sus compañeros de la correspondiente
Federación de Enseñanza que no intenten perpetuar este "impuesto" del que
ahora pueden verse liberados. Por contra, esperamos que el futuro nos depare, como hasta
ahora, muchos puntos de encuentro con las organizaciones sindicales y aislados casos de
desagradables desencuentros como el que nos ocupa.
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