Opinión

Sí a la gratuidad de los libros de texto

Pedro Salguero Rodríguez. Presidente de FAPA-Rioja.

Por fin, empezamos a tener libros de texto gratuitos. Tan sólo para 1º y 3º de la ESO, pero al menos empezamos. Desde FAPA-Rioja tenemos que celebrar que tras muchos esfuerzos reclamando la gratuidad de los libros de texto durante las etapas en las que la educación es obligatoria, podamos finalmente ir accediendo a este beneficio para las economías familiares aunque sea poco a poco y sólo en algunas comunidades autónomas y en algunos ayuntamientos.

Hace ya algunos años que el movimiento asociativo de los padres y madres de alumnos de los centros públicos conseguimos promover una Iniciativa Legislativa Popular que llegó al Congreso de los Diputados con el aval de 600.000 firmas, hecho nada fácil de conseguir. Desgraciadamente, la mayoría absoluta del PP en esta cámara rechazó esta ILP limitándose el efecto a los trabajos de una subcomisión en la que se recabó la opinión de los sectores afectados. Eso sí, quedó constancia de una demanda social con claros fundamentos. Esa demanda social tenazmente presentada ante las distintas administraciones ha provocado que algunos ayuntamientos, primero, y algunas comunidades autónomas, después, vayan facilitando la posibilidad de conseguir esos libros de texto gratis.

Por ello sí que nos preguntamos, siguiendo literalmente la exposición del secretario general de esta organización sindical en un artículo publicado en esta misma "Tribuna de La Rioja"el pasado 2 de septiembre: ¿cómo un sindicato como FETE-UGT, solidario, de izquierdas, que lucha por los servicios públicos y gratuitos, puede criticar tal iniciativa? Nos lo preguntamos y no nos convence la respuesta que se da a esta retórica pregunta.

Resulta sorprendente que mientras el gremio de los libreros, que va a tener un claro perjuicio económico (cuando termine la implantación del sistema venderán, en teoría, tan solo una cuarta parte que ahora), se ha avenido a razones y ha colaborado con la Administración educativa y con los padres en la formulación del proyecto de funcionamiento, sean los enseñantes (o, más bien, algunos de ellos) los que se lancen en furibundo ataque contra esta iniciativa social. Y decimos social en cuanto a su origen y en cuanto a sus beneficiarios. El perjuicio que van a tener los profesores parece ser el "arduo trabajo adicional" de decidir o ayudar a decidir si un libro es o no útil para el curso siguiente, poner una etiqueta adhesiva al principio de curso y meter cada lote en una bolsa al final del mismo. Pedimos desde estas líneas a los padres que sepan agradecer el gesto de los libreros y afear el de los maestros que quieran entorpecer.

Como esto del perjuicio para el gremio de enseñantes parece claro que no va a convencer a nadie, se recurre a dos argumentos de lo más peregrino: uno pedagógico y otro social. Se argumenta pedagógicamente que el subrayado es tan fundamental que es preciso machacar un libro si se quiere aprender algo. Desde luego que no vamos a discutir la utilidad de la técnica de resaltar lo más importante de un texto, pero estamos seguros de que la capacidad profesional de nuestros maestros da para que puedan enseñar esas técnicas sin necesidad de destrozar prácticamente el libro, que parece más el argumento de un "asesor pedagógico" de una editorial que de un sindicalista de izquierdas.

El otro argumento "de peso" es el de carácter social: la implantación de los libros gratuitos nos va a retrotraer al sistema de clases en los colegios privados de posguerra con alumnos "de pago" y "gratuitos". En nuestra sociedad las diferencias económicas existen y se acentúan cada vez más; hay alumnos que van al "insti" en moto, otros que estrenan moto cada curso y otros que cambian de deportivas cada vez que sale al mercado un modelo nuevo de la marca favorita. En esta misma línea habrá unos que utilicen "sus" libros y otros que se apunten al uso colectivo de bienes colectivos en absoluto ejercicio de la libertad de cada uno.

Aparte de estos dos argumentos principales se utilizan otros dos como de menor importancia. El primero de ellos pretende que la gratuidad, tal como se plantea, es un fraude porque los libros no van a ser gratuitos al no cederse en propiedad. Nosotros pensamos que algo gratuito no tiene por qué ser en propiedad; nosotros y la Constitución Española cuando dice en su artículo 27.4: "La enseñanza básica es obligatoria y gratuita", sin reconocer la propiedad de nada, sino el derecho a un servicio.

El último de los argumentos utilizados contra este avance social es el terrible problema de solucionar los casos de pérdida o deterioro. Pues, señor mío, el problema es el mismo que si uno pierde el bolígrafo o el paraguas. Tiene que comprar uno nuevo y cuidar de no perderlo otra vez.

Queremos terminar recordando a aquellos trabajadores de cualquier rama que pertenezcan a un sindicato de clase que, en la actualidad, se les están detrayendo de sus nóminas de agosto de 150 a 200 euros por hijo en edad escolar, en concepto de libros de texto, para que les pidan a sus compañeros de la correspondiente Federación de Enseñanza que no intenten perpetuar este "impuesto" del que ahora pueden verse liberados. Por contra, esperamos que el futuro nos depare, como hasta ahora, muchos puntos de encuentro con las organizaciones sindicales y aislados casos de desagradables desencuentros como el que nos ocupa.

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